sábado, 13 de junio de 2009

Cualidades de los Fluidos.


La acción de los espíritus sobre los fluidos espirituales produce consecuencias de importancia directa y capital en los encarnados. Siendo que esos fluidos son el vehículo del pensamiento y que éste puede modificar sus propiedades, es evidente que deben encontrarse impregnados de las cualidades buenas o malas de los pensamientos que los ponen en vibración, modificados por la pureza o impureza de los sentimientos. Los malos pensamientos corrompen a los fluidos espirituales, como los miasmas deletéreos corrompen el aire.

Los fluidos que rodean o proyectan los malos espíritus son viciados, mientras que aquellos que irradian los buenos espíritus son tan puros como corresponde al grado de perfección moral que ellos posean. Sería imposible enumerar o clasificar a los buenos o a los malos fluidos o especificar sus cualidades respectivas, visto que su diversidad es tan grande como son variados los pensamientos. Los fluidos poseen las cualidades que adquieren en el medio en que se elaboran. Según las circunstancias esas cualidades son temporarias o permanentes.

En el aspecto moral llevan impresos los sentimientos de odio, envidia, celos, orgullo, egoísmo, violencia, hipocresía, bondad, benevolencia, amor, caridad y dulzura. En el aspecto físico son excitantes, tranquilizadores, penetrantes, astringentes, incitantes, dulcificantes, soporíferos, narcóticos, tóxicos, reparadores o expulsores, y se convierten en fuerza de transmisión o propulsión. El cuadro de los fluidos será, pues, el de todas las pasiones, virtudes y vicios humanos, así como el de las propiedades de la materia y los correspondientes efectos que producen. Como los hombres son espíritus encarnados poseen, en parte, los atributos de la vida espiritual, ya que viven en los dos planos, fundamentalmente durante el sueño y, a veces, también en estado de vigilia. Cuando un espíritu encarna, conserva las cualidades que le son propias.

El periespíritu no está circunscrito por el cuerpo sino que emite rayos a su alrededor y lo circunda de una atmósfera fluídica. Por su unión íntima con el cuerpo, el periespíritu juega un papel preponderante en el organismo: gracias a su expansión, relaciona al espíritu en forma más directa con los espíritus libres y también con los espíritus encarnados. El pensamiento del espíritu encarnado actúa sobre los fluidos espirituales como el pensamiento de los espíritus desencarnados; se transmite de espíritu a espíritu por la misma vía y, según sea bueno o malo, sanea o corrompe los fluidos circundantes.

Los fluidos viciados por los efluvios de los malos espíritus pueden depurarse por el alejamiento de éstos, pero sus periespíritus no cambiarán hasta tanto el espíritu no se modifique. Siendo el periespíritu de los encarnados de naturaleza idéntica a la de los fluidos espirituales, él los asimila con facilidad. Tales efluvios ejercen una acción directa sobre el periespíritu, sobre todo porque al expandirse y proyectarse el periespíritu se confunde con los fluidos. Estos fluidos actúan sobre el periespíritu y éste, sobre el organismo material con el cual se halla en contacto molecular. Si los efluvios son de naturaleza buena, el cuerpo recibirá una impresión saludable; si son malos, la sensación será desagradable; si los malos son permanentes y enérgicos, podrán ocasionar desórdenes físicos; ciertas enfermedades no tienen otro origen. Los ambientes donde abundan los malos espíritus se encuentran impregnados por los malos fluidos que se absorben por todos los poros (digamos) del periespíritu. Esto explica los efectos que se producen en los sitios de reunión.

Una asamblea es un centro que emite pensamientos. Resulta, entonces, una cantidad de corrientes y efluvios fluídicos, y cada uno recibe la impresión por medio del sentido espiritual. Existen pensamientos armoniosos o discordantes. En el primer caso la sensación será agradable, en el segundo la impresión será molesta. Para tales efectos, no es necesario que el pensamiento se formule con palabras; la irradiación fluídica existe, sea la idea expresada o no. Tal es el origen del sentimiento de satisfacción durante una reunión simpática, animada por pensamientos sinceros y benévolos, y se explica la ansiedad y el malestar indefinible que se siente en un medio antipático.

El pensamiento produce una especie de efecto físico que actúa sobre lo moral. El pensamiento es una emisión que ocasiona una pérdida real de los fluidos espirituales y, como consecuencia, de los fluidos materiales, de manera que el hombre necesita sumergirse en los efluvios que recibe del exterior. Los fluidos se unen por la similitud de su naturaleza; los fluidos contrarios se repelen; hay incompatibilidad entre los buenos y los malos fluidos. El periespíritu es una coraza a la que conviene saber templar. Como las cualidades del periespíritu guardan relación con las del alma, es preciso trabajar en su mejoramiento, puesto que son las imperfecciones del alma las que atraen a los malos espíritus. Destruyendo el centro de atracción se alejarán. Los espíritus buenos, encarnados o desencarnados, no tienen nada que temer de la influencia de los malos espíritus.

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