lunes, 22 de marzo de 2010

Diferencia del medico y del sanador


Si considera la posibilidad de acudir a un sanador, le conviene saber que los sanadores trabajan en un con- texto muy distinto al de los médicos. Los dos pueden complementarse si se mantienen los canales de co- municación abiertos y se establece un clima de confianza. Puesto que creo que en el futuro muchos médicos y sanadores trabajarán juntos en beneficio de todos, he consagrado el capítulo siguiente a esta perspectiva. Muchos pacientes acuden a un sanador para pedirle los mismos servicios que ofrecen los médicos. La ma- yoría de nosotros vemos la enfermedad bajo el prisma del sistema médico establecido en nuestra sociedad occidental. La gente está tan acostumbrada a acudir a un médico para librarse de una dolencia concreta, que esperan de la tarea curativa que mitigue el dolor y cure también una enfermedad específica. primero que los sanadores deben hacer cuando reciben la visita de un paciente con esa visión es edu- carle acerca de qué se ofrece y qué no se ofrece. Para verlo más claro, empecemos por la estructura básica de una visita a la consulta de un médico, para compararla con lo que ocurre cuando usted acude a un sanador. 1. El médico examina al paciente en una sala de reconocimiento. 2. El médico ordena la realización de unas pruebas que ayudarán a determinar cuál es el trastorno. 3. Tras el examen, el paciente y el médico se reúnen en otra sala, «el despacho del médico», donde el médico se sienta detrás de una mesa y habla de lo que considera que es el problema. El médico hace lo que puede por el paciente hasta que llegan los resultados de las pruebas. 4. El paciente concierta otra cita para después de las pruebas. 5. En esta cita, el médico efectúa otro examen, facilita los resultados de las pruebas y da un diagnóstico. El médico prescribe un método de tratamiento basado en el diagnóstico o determina la realización de más pruebas si las primeras no son concluyentes. 6. El tratamiento suele consistir en una medicación o intervención quirúrgica para resolver el problema. Cuando los pacientes acuden a un sanador, muchas veces esperan que se sigan los mismos seis pasos. Desean un examen psíquico. Piden al sanador que elimine (aparentemente de un modo mágico) su problema, tal y como las píldoras y la cirugía resuelven algunos problemas fisicos. Mucha gente espera una visita posterior a la curación en la que el sanador dará un diagnóstico y un pronóstico del tiempo que llevará «eliminar el problema». La mayoría de sanadores no utilizan la estructura de seis pasos cuando trabajan con sus pacientes. Por lo general, se habla muy poco, no hay pruebas, no hay diagnóstico, no se prescribe ninguna medicación, y muchas veces no se da explicación alguna sobre lo que ha ocurrido antes de la curación, lo que ocurre durante ella, o lo que ocurrirá después. Los pasos de una sesión curativa son muy simples.
1. Los sanadores suelen empezar por una breve charla con el paciente sobre el motivo de su visita. Algu- nos sanadores se limitan a pedir al paciente que entre, se quite los zapatos y se tienda en la camilla de curación o se siente en una silla.
2. El sanador trabaja con el paciente, tocándole o sin tocarle, según las técnicas curativas que utilice. El
sanador puede facilitar alguna explicación. Tal vez se produzca algún diálogo durante la curación.
3. El sanador termina, abandona la sala y pide al paciente que descanse unos minutos antes de incorporarse.
4. Posteriormente, se habla muy poco, y el sanador pide al paciente que regrese en el momento oportuno.
Muchos pacientes quedan decepcionados por su primera experiencia curativa, por cuanto no comprenden qué ha ocurrido. Se sienten más relajados y probablemente mejor, y quieren saber por qué. Tal vez regresan a su trabajo con todo un cúmulo de interrogantes, todos ellos basados en el sistema de enfermedad (y en la metafisica M-1) aceptado en la sociedad occidental.

Pueden plantearse preguntas como éstas:
«¿Qué enfermedad tengo?» «¿Tengo un tumor? ¿Qué clase de tumor?» «¿Puede usted quitármelo?» «¿Cuántas curaciones requerirá?» «¿Cuánto me costará?» «¿Tengo las trompas de Falopio obstruidas y me impide quedar embarazada? Abralas, por favor. Los médicos dicen que no pueden.» Después de una curación, los pacientes dicen cosas como: «Bueno, en realidad no me siento muy distinto, pero sí más relajado.» «¿Qué me ha hecho?» «Ahora cuénteme exactamente qué ha hecho.» «¿ Cuánto durará? » «¿Se ha marchado? ¿Volverá?» «¿Debo volver? ¿Cuántas veces más?» Todas éstas son preguntas importantes y válidas que requieren una respuesta, pero emanan del sistema mé- dico y de cuidado de la salud vigente hoy en día en nuestra sociedad. Para responderlas de un modo signi- ficativo para el paciente, el sanador debe instruirle en una perspectiva distinta de la salud y la enfermedad. Independientemente de si los sanadores están familiarizados o no con el contexto científico holográfico y la metafisica M-3 que se han expuesto en el capítulo 3, su cometido principal es holístico: ayudar a los pacientes a crear salud en todas las áreas de la vida. Lo hacen limpiando y equilibrando la energía del paciente, esfor- zándose por alinear su intención de sanar, y ayudando al paciente a conectarse con el núcleo más profundo de su ser, fuerza creativa y conciencia interna. Dirigen energías curativas hacia el sistema energético del pa- ciente. Muchos sanadores trabajan totalmente por intuición, dejando que sus manos se muevan con plena libertad. No ofrecen explicación alguna sobre lo que aqueja al paciente ni sobre lo que acontece durante la curación. Es por ello que la denominan «curación por la fe». Otros tratan de ofrecer unas explicaciones que tal vez no tienen ningún sentido para el paciente. Algunos disponen de sistemas de conocimiento totalmente planificados. Tales sistemas pueden ser conocidos por otros sanadores, como el sistema de acupuntura, mientras que otros pueden haber sido desarrollados perso- nalmente por el sanador y son específicos para él. Describen qué ocurre en el paciente y cómo funciona la curación. Tales explicaciones pueden resultar complejas para el paciente, que no está instruido en el sistema concreto que utiliza el sanador. Para educar a los pacientes, yo siempre busco un terreno de comprensión común en el que conversar. Luego explico lo mejor que puedo el proceso curativo, que equivale a iniciarse en la curación. Digo a mis pacientes que la curación seguirá desarrollándose en su interior, y les explico hasta qué punto afectará su vida. Recuerdo una sesión con una paciente nueva llamada Liz, que padecía una úlcera y quería eludir la cirugía. Liz entró en mi despacho y dijo: «Ahora dígame exactamente qué hace usted». Quedé un momento perpleja ante aquella pregunta, y pensé: «Me pregunto si planteó la misma cuestión a su cirujano, y qué le respondería éste». Sin duda, tardaría años en explicar con exactitud qué es lo que hago. Una paciente como Liz debería ser reeducada por completo en la visión holográfica de la realidad, en las causas de la enfermedad desde esa perspectiva, en el sistema energético humano, en las técnicas terapéuticas, y en las técnicas curativas. De modo que me interrogué a mí misma: «¿Cuál es la pregunta profunda que Liz me plantea? ¿Qué desea saber en realidad?». Obviamente, Liz trataba de asumir la responsabilidad sobre su salud y su curación. Deseaba sinceramente llegar a comprender qué podía esperar de las sesiones curativas. Quería saber qué podía darle yo. Su pregunta venía a decir: «¿Cuáles son las posibles consecuencias de las sesiones curativas?». Ella no tenía idea de la amplitud que podía tener el efecto. No sabía hasta qué punto todo dependía de ella y de su aceptación del cambio personal en la vida. No sabía que el campo energético humano existe y afecta el cuerpo fisico. Y, por encima de todo, ignoraba que podía curarse a sí misma con su intención de sanar (nivel del hara) y con su fuerza creativa interna (nivel de la estrella del núcleo). Mi reto consistía en cubrir un vasto espectro de conocimientos en unos minutos. Busqué una analogía sencilla con la que empezar y recordé cómo funciona una radio. Por supuesto, dispondría de tiempo para brindar explicaciones más detalladas durante las sesiones curativas que seguirían. De modo que dije: «¿Ha oído hablar del campo energético humano, o aura?». «No», respondió Liz. «Bueno, hay un campo de energía que rodea el cuerpo y penetra en él. Está estrechamente relacionado con su salud. Cuando usted enferma, es porque el funcionamiento normal de ese campo ha sido perturbado. Lo que yo hago es volver a alinear ese campo, cargarlo y repararlo. Se parece un poco a la acupuntura. ¿Ha oído hablar de eso?» Dijo Liz: «Sí, he oído hablar de eso, pero no sé mucho sobre ello». «Bueno, la acupuntura es una antigua técnica curativa de Oriente, que trabaja equilibrando el campo ener- gético, el cual suministra bioenergía a los diversos sistemas de su cuerpo. Esa energía es muy potente. De hecho, aportamos más energía al cuerpo mediante ese campo que comiendo. ¿Se ha dado cuenta de que en los días de sol usted tiene más energía que en los días nublados? Eso se debe a que el sol carga la energía presente en el aire. Luego la absorbemos a través de nuestro sistema energético. En nuestra cultura, no pensamos demasiado en ello porque nos concentramos prioritariamente en el cuerpo fisico. Pero en China, Japón y la India se sabe que es muy importante para nuestra salud. Sus sistemas se basan en el conocimiento de esos campos de energía vital.» Liz replicó: «¿De dónde procede esa energía?». «La fuente de esa energía reside dentro y alrededor de usted -respondí-. Es como las ondas de radio, que están siempre en el aire. Usted sólo necesita saber cómo recibirlas para beneficiarse de ellas. Conecte la radio y sintonice la emisora que desee. Su campo de energía es como una radio. Mi misión consiste en repararla y ayudarle para que aprenda a sintonizarla mejor. Yo le ayudaré a abrir y equilibrar sus ckakras.» «¿Mis qué? ¿Mis chakras?», preguntó Liz. «Los chakras de su aura son sus receptores de energía -expliqué-. Parecen torbellinos de energía que, en virtud de su giro, absorben energía como lo haría un remolino. Una vez que la energía se ha introducido en su cuerpo, fluye a través de las líneas energéticas de su campo hacia sus órganos. Cuando se registra un trastorno en su campo, sus órganos no reciben la energía que necesitan y se debilitan, lo que termina por permitir el acceso a las infecciones u otros problemas físicos. » «Esto parece bastante simple -admitió Liz-. ¿De modo que usted viene a decir que podría haber contraído esta úlcera porque mis líneas energéticas se han debilitado?» «Es, claro está, algo más complejo que esto, pero ésa es la idea a grandes rasgos. El modo en que usted reacciona a las situaciones de estrés puede apreciarse en su campo. Habitualmente, usted distorsiona su campo de tal forma que extrae energía sana de la región del estómago y atrae energías inadecuadas y, por lo tanto, insanas hacia su estómago. En cuanto hayamos reequilibrado su campo, podrá percibir las energías adecuadas y sanas en esa zona. Ahora, lo que usted experimenta como "normal" no es saludable para usted.» «¿Qué quiere decir con eso?» «Centre su conciencia en su estómago», sugerí. «Lo noto igual que siempre.» «Después de la curación, lo notará muy distinto -dije-. Entonces comprenderá lo que quiero decir. Es algo que usted debe experimentar. Es una experiencia sutil, pero muy intensa en lo que concierne a la salud. Con el tiempo, aprenderá a mantener el equilibrio oportuno de energías en su organismo, y podrá conservar un nivel de salud más elevado. Así, cuando yo reequilibre su campo, la energía fluirá correctamente hacia sus sistemas corporales, y restablecerá su salud. Podrá aprovechar todos los campos energéticos que le rodean. Yo llamo a esos campos energéticos "campos de salud universal". Están al alcance de todo el mundo. No sólo están disponibles para su salud física, sino también para su salud emocional, mental y espiritual. De modo que ahora, cuando yo trabaje con sus campos, trabajaremos también con sus aspectos emocionales, mentales y espirituales que tienen relación con el hecho de haber contraído una úlcera. Como ve, no se trata tan sólo de una cuestión fisica. Todo aquello que esté curado personalmente para usted sanará también cualquier aspecto de su vida con el que esté conectado.» «¿Qué quiere decir con eso? -preguntó Liz-. ¿A qué conexiones se refiere?» «Desde el punto de vista del sanador -proseguí-, todo está conectado con todo lo demás. Es la perspectiva holística. Significa que su úlcera, que es consecuencia de un exceso de acidez en su estómago debido a su reacción al estrés, no sólo afecta a su digestión y nutrición, sino que es una señal que me indica que probablemente usted experimenta tensión en todos los aspectos de su vida que tienen que ver con la "diges- tión" o la nutrición personal. En otras palabras, incluso cuando alguien le da algo, a usted le cuesta trabajo aceptarlo y dejar que le haga bien.» «Esto me resulta familiar, pero no veo cómo podría relacionarse con una úlcera», replicó ella. «Sí, bueno, empecemos desde donde estamos ahora, y dejemos que sus experiencias sigan su curso. Ya nos ocuparemos de las conexiones a medida que se presenten. Entonces se las explicaré con mayor claridad.» «¿Cuánto tardaré en restablecer la salud?», inquirió Liz. «El número de sesiones necesarias depende de cómo responde su organismo a la curación, hasta qué punto (usted) puede asumir el cambio, y cuánto tiempo es capaz de mantener ese cambio. El cambio no resulta siempre fácil, ¿sabe?, porque afecta a todas las áreas de su vida, como ya he dicho. Se requiere algún tiempo para integrar los cambios. Tenga en cuenta que queremos llegar a la causa más profunda de la úlcera, no sólo a la úlcera. Queremos que usted sea capaz de aceptar y disfrutar todo aquello que reciba. Queremos averiguar por qué no cree usted que está bien.» «Creo que está bien recibir -repuso ella-. Pero es cierto: siempre me siento en deuda con la persona que me ha dado algo. No me gusta deber a nadie. ¡Vaya!, no sabía que esto tuviera tanta importancia. ¿Cree que su técnica dará resultado?» «Trabajar con el campo energético humano es, de hecho, más efectivo en determinadas enfermedades que nuestra medicina convencional -respondí-. Por lo general, recibo a gente aquejada de enfermedades con las que nuestro sistema médico no tiene demasiado éxito; personas con cáncer, colitis, trastornos inmunitarios, virus, jaquecas, etc.» «Bien, me alegro de estar aquí. Parece interesante. Empecemos.» Liz deseaba saber en qué consistía todo el proceso curativo, y pudimos comunicarnos con claridad. Esto le ayudó mientras avanzaba por el proceso curativo. Al cabo de varias semanas trabajando juntas, su úlcera de- sapareció y ella recuperó la salud. No sólo eso, sino que también cambió de profesión e inició una nueva relación.

1 comentario:

  1. El curandero y el medico son el remedio del mundo y para el mundo,
    El sanador es de Dios, de Jesucristo, y la solucion para los cristianos.
    El sanador sana, el curandero no,
    el medico solo sana en un 20% y alivia al resto de los enfermos.
    El hombre tiene poder de Dios para auto-regenerarse, y autocurarse,
    igual que todos los animales,

    Reciban un saludo desde Alicante,España 26-9-10

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