jueves, 3 de septiembre de 2009

Ovoides.


"(...) el periespíritu se dilata o contrae, se transforma: en una palabra, se presta a todas las metamorfosis, de acuerdo con la voluntad que sobre él actúa."(El Libro de los Médiums, Allan Kardec, ítem 56.)


La conversión del cuerpo espiritual (periespíritu) en un cuerpo ovoide puede ocurrir en los siguientes casos:
1º.) El hombre salvaje cuando retorna, después de la muerte del cuerpo físico, al plano espiritual, se siente atemorizado ante lo desconocido. Siendo primitivo, no dispone de conocimientos espirituales y sólo tiene condiciones para pensar en términos relativos a la vida de la tribu a la que se acostumbró. Nos dice André Luiz que la propia inmensidad cósmica lo asusta, como la visión de los Espíritus, aunque siendo buenos y sabios, le infunden gran temor. Dentro del estado evolutivo que le es propio se desarrolla su actividad al frente de dioses y, por eso, se refugia en la choza que le sirvió de morada terrestre. Anhela retornar a su habitación indígena donde vivió y convivió con los suyos para alimentarse con las vibraciones de los que le son afines. Bajo estas condiciones se establece en él el monoideismo, esto es, idea fija, aislándose de todo lo demás. El pensamiento que fluye de su mente permanece en círculo vicioso, continuamente. Es el monoideismo auto-hipnotizante.No existiendo otros estímulos, los órganos del cuerpo espiritual se encogen o se atrofian, tal como sucede con los órganos del cuerpo físico, que al paralizarse igualmente se atrofian.En poco tiempo, los órganos del periespíritu "se regresan instintivamente, hacia la sede del gobierno mental, donde se ubican ocultos y debilitados, convirtiéndose en punto de apoyo de los pensamientos que en circuito cerrado actúan sobre sí mismo, como elementos potenciales del germen vivo entre las paredes del huevo". Se dice, entonces que "el desencarnado perdió su cuerpo espiritual transformándose en un cuerpo ovoide". La forma ovoide contiene todos los órganos de exteriorización del alma, tanto en los planos espirituales como en los terrestres, tal como el huevo o la semilla, que albergan el ave y el árbol del futuro.


2º.) Desencarnados, en profundo desequilibrio, aspirando vengarse, o portadores de vicioso apego, envuelven e influencian a aquellos que son objeto de su persecución o atención. Y pasan a auto- hipnotizarse con sus propias ideas, las que repiten indefinidamente. Es el monoideismo auto- hipnotizante.En consecuencia, estos desencarnados, al continuar en ese profundo desequilibrio sus órganos periespirituales se retraen, por falta de funcionamiento, asemejándose a ovoides los que se "unen luego a sus propias víctimas que, generalmente aceptan inconscientemente su influencia", porque éstas traen los factores que las predisponen, tales como la culpa, el remordimiento, el odio, el egoísmo que se manifiestan en constantes vibraciones, bajo la dirección mental del obsesado. Se configura, en este caso, la parasitosis espiritual.
El huésped (obsesor) pasa a vivir en el ambiente personal del que lo alberga (el obsesado). Esta situación puede prolongarse hasta después de la desencarnación de la víctima, dependiendo de la gravedad de las deudas y la naturaleza de los compromisos existentes entre los dos.


3º.) Los grandes criminales, los tránsfugas del deber, al desencarnar se verán atormentados por la visión repetida y constante de sus propios crímenes, vicios y delitos, en forma de alucinaciones que los desquician. Esas estampas mentales que exteriorizan permanentemente se vuelven un pensamiento vicioso, dando origen al monoideismo auto-hipnotizante. Y como en los casos anteriores, sus órganos del cuerpo espiritual se paralizan, convirtiéndose en ovoides.Los obsesores utilizan estos ovoides para intensificar el asedio sobre sus víctimas, imantándolos a estas. Aquí se genera el parasitismo espiritual. Envuelto por los fluidos de los obsesores, con el pensamiento controlado y cercenado, con el cerebro desequilibrado por la interferencia hipnótica de los verdugos, el obsesado pasa a vivir en el clima que estos crean, agravado además por las ondas mentales altamente perturbadoras de los ovoides, viendo inclusive las imágenes mentales que proyectan como alucinaciones o escuchando las acusaciones en la acústica de la mente.La subyugación, cuando se lleva a efecto bajo esas condiciones, acarrea consecuencias gravísimas, lesionado el cerebro u otros órganos que se encuentren en la mira. Esa situación produce un desequilibrio total y puede llevar a la víctima al suicidio, a la locura irreversible u ocasionar la muerte por destrucción o disturbio orgánico.En cuanto a los ovoides, a través de la bendición de la reencarnación es que conseguirán plasmar otra vez el periespíritu junto con la nueva forma carnal para asimilar luego los recursos orgánicos maternos y como explica André Luiz , "conforme a las leyes de la reencarnación, operan en algunos días todos los acontecimientos de su evolución en los reinos inferiores de la Naturaleza". Esta nueva forma periespiritual tendrá condiciones para persistir hasta el término de la reencarnación, y del regreso al plano espiritual.


PARÁSITOS OVOIDES: Los Espíritus pueden perder la forma humana de presentación de su periespíritu, surgiendo como esferas ovoides. Estas son poco mayores que un cráneo humano, variando mucho en las particularidades; algunas tienen movimiento propio, como si fuesen grandes amebas, otros parecen en reposo, aparentemente inertes, ligados al halo vital de otras entidades.En Evolución en Dos Mundos, André Luiz explica que, innumerables desencarnados, poseídos por la idea de hacer justicia con las propias manos o apegados a vicios viles, por repetir, infinitamente, esas imágenes degradantes, acaban en deplorable fijación monoideística, fuera de las nociones de espacio y tiempo, sufriendo, entonces, enormes transformaciones en la morfología del periespíritu. Por falta de función, los órganos de ese cuerpo sutil quedan retirados, surgiendo, entonces, la forma ovoide. ¿Cuál es la situación psíquica de esos ovoides? La mayoría de ellos duermen en extrañas pesadillas, incapaces de exteriorizaciones mayores. Son, en verdad, “fetos o amebas mentales, movilizables, con todo, por entidades perversas o rebeladas”.¿Cómo quedan en la reencarnación? Así como la simiente tirada a la cueva oscura formará el árbol adulto, los ovoides se desarrollarán, normalmente, como embriones y fetos humanos, formando el nuevo cuerpo de carne, en compañía de socios desechos, disfrutando de la bendita oportunidad de acertar ante la ley universal del amor.

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